Oliete respira historia en las aguas del Martín

Por Redacción

En la comarca Andorra-Sierra de Arcos, este pueblo turolense de 351 habitantes abre sus plazas medievales y sus arcos fortificados a quien quiera descubrir capas de tiempo superpuestas.

Oliete respira historia en las aguas del Martín

Oliete se asoma a orillas del río Martín como un pueblo que guarda el pulso de Teruel en cada rincón. Situado en la comarca Andorra-Sierra de Arcos, este municipio de apenas 351 habitantes invita a recorrer sus calles empedradas donde cada piedra cuenta una historia distinta, desde la Edad Media hasta hoy.

El casco urbano presume de una arquitectura que abraza varios siglos. La iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción (siglo XVIII) se alza con un campanario mudéjar que se recorta en el cielo, mientras la Casa de la Donjuana (siglo XVI) conserva la nobleza renacentista en la plaza de la Iglesia. Pero lo más evocador son los tres arcos medievales que fueron las entradas fortificadas del pueblo: el Arco de los Santos Mártires en la calle Mayor, el Arco de Santa Bárbara al final de su homónima calle, y el Arco del Pilar que cierra la calle Baja. La ermita de San Bartolomé, patrón del pueblo, ocupa su propia plaza dentro del núcleo urbano.

Agua, arqueología y olivares centenarios

Fuera del casco, el territorio de Oliete despierta curiosidades geológicas y arqueológicas. El Embalse de Cueva Foradada acumula aguas del río Martín desde 1927, y sus orillas cobijan buitres leonados, águilas y cabras monteses. El Embalse de Escuriza, conocido también como pantano del Congosto, recoge el río Escuriza desde finales del siglo XIX. Las ermitas de la Virgen del Cantal (construida hacia 1660 tras encontrarse una imagen en un hoyo bajo una roca protectora) y del Calvario (1680) salpican el término con devoción rural.

El Frontón de la Tía Chula conserva pinturas rupestres esquemáticas de hace 4.500 años (época Eneolítica a Bronce Medio), con un orificio que deja pasar la luz solar en equinoccios, formando el santuario solar más antiguo del mundo. Los poblados íberos del Palomar y Cabezo de San Pedro testimonian vidas antiguas entre los siglos III y I a. C., mientras la Sima de San Pedro asombra con sus 108 metros de profundidad y un lago en el fondo, una cavidad única en Europa por sus descomunales dimensiones.

El nombre de Oliete deriva del latín «olivetum»: olivar. Aunque el 70 % de estos olivos centenarios está en abandono, desde 2014 la iniciativa Apadrinaunolivo.org trabaja para recuperar esos 100.000 olivos, transformando el olvido rural en un proyecto de desarrollo sostenible. La variedad Empeltre caracteriza el paisaje, mientras una chopera plantada a mediados del siglo XX ocupa una cuarta parte de la huerta local.

La fiesta mayor honra a San Bartolomé el 24 de agosto, y también se celebra el 14 de septiembre la Exaltación de la Santa Cruz. Oliete forma parte de la Denominación de Origen Aceite del Bajo Aragón, enlazando su presente con raíces muy profundas.

Recorre este pueblo donde el río, los arcos medievales y la arqueología tejieron una trama que sigue latiendo en el corazón de Andorra-Sierra de Arcos.

Fotografía: DarioSantiagoCastillo · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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