Castellote asoma entre montañas del Maestrazgo con su castillo templario coronando la ladera

Por Redacción

Un municipio de amplísimo territorio en el Maestrazgo turolense donde el arte rupestre paleolítico y medieval conviven en un enclave de sierra e historia.

Castellote asoma entre montañas del Maestrazgo con su castillo templario coronando la ladera

Castellote se asienta en un pintoresco rincón del Maestrazgo, en la comarca más singular de Teruel. Su núcleo principal descansa en la ladera de un monte presidido por un castillo templario, que tras su deterioro en las guerras carlistas fue restaurado en 2011. La carretera llega atravesando un túnel que horada una impresionante pared rocosa, y a la entrada de ese túnel aguarda el paraje de «El Llovedor», donde la ermita del mismo nombre invita a la pausa contemplativa.

Con un territorio de 235,18 km² , el más extenso de su comarca, Castellote es en realidad un mosaico de pueblos y parajes unidos bajo su administración. Además del núcleo principal, integra Abenfigo, Luco de Bordón, Ladruñán, Cuevas de Cañart, Dos Torres de Mercader y Las Planas de Castellote, entre otros. Cuevas de Cañart destaca por su patrimonio histórico medieval, declarado bien de interés cultural. El territorio también guarda el recuerdo de numerosas masías despobladas que hablan de un pasado poblado y activo.

Donde la prehistoria se lee en la piedra

El área Castellote-Santolea-Ladruñán atesora uno de los espacios más importantes del arte rupestre de Aragón. El Abrigo de la Vacada presenta setenta y dos figuras de sorprendente vigor: rebaños de bóvidos junto a arqueros, una figura femenina de perfil, ciervos y cabras esquemáticas, y un asno de trazo realista. Dos toros pintados primero en rojo violáceo y después repintados en rojo carmín presiden la escena, acompañados de una cabeza frontal del mismo animal cuyos cuernos casi cierran un semicírculo. El Abrigo de Barranco Hondo conserva grabados de probable origen paleolítico, con técnicas que recuerdan las de los cérvidos cantábricos. Yacimientos de la Edad de Bronce como Fuente del Ballester y diversos asentamientos de hierro completan este palimpsesto de mil años de ocupación humana.

Siglos de dominio y resistencia

La región fue habitada por los ilercavones, pueblo ibero cuyas tumbas excavadas en la roca aún se conservan. Durante la Edad Media, Castellote estuvo bajo dominio musulmán, época en la que se construyó una compleja red de riego con presas, azudes y acequias que aún hoy funciona. La primera mención documental del lugar data de 1158, en referencia a los límites del obispado de Zaragoza. No fue hasta 1168-1169, bajo Alfonso II, cuando Castellote pasó definitivamente al Reino de Aragón.

La historia medieval de Castellote se entrelazó con la Orden del Temple. En 1282 le fue otorgada carta puebla, y Jaime I concedió mercado semanal los sábados. Cuando los templarios cayeron en desgracia, el sitio de Castellote en 1308 fue uno de los más duros de Aragón: once meses de resistencia que el cronista Jerónimo Zurita inmortalizó en sus Anales. Tras su rendimiento, la villa pasó a ser encomienda de la Orden de San Juan, que permaneció allí hasta 1769.

Las guerras carlistas marcaron profundamente a Castellote. En marzo de 1840, el general Espartero ordenó su asalto tras una batalla que duró tres días; los defensores se rindieron el 27, y el general reconoció públicamente su valentía. La región entera se vio convulsionada por estos conflictos, dejando huellas que forman parte de su identidad.

Castellote invita a quien busque historia viva en la piedra, desde los primeros trazos paleolíticos hasta las murallas medievales que aún custodian sus valles. Es el Maestrazgo en su forma más auténtica y profunda.

Fotografía: Jose A. · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

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