Híjar presume de nobles raíces medievales en el Bajo Martín

Por Redacción

Villa de origen antiquísimo donde duques y obispos levantaron templos mudéjares y palacios que aún custodian los secretos del Bajo Aragón histórico.

Híjar presume de nobles raíces medievales en el Bajo Martín

Híjar se alza en el corazón del Bajo Martín turolense como una villa de abolengo que ha sabido conservar la memoria de sus días de esplendor. Ubicada a 150 kilómetros de Teruel capital, reposa a 291 metros sobre el nivel del mar, acunada por el río Martín que dibuja un valle característico al pie de su caserío. El paisaje que la rodea alterna relieves ondulados y llanuras esteparias, con la Sierra del Cabeza Gorda como vigía natural al sureste.

El nombre mismo de Híjar cuenta historias milenarias. Los antiguos romanos la llamaron Arse, término que probablemente derivaba del hebreo «Har» (montaña). Tras la ocupación fenicia, cuando se conocía como Igar, el árabe transformó su denominación en Ixar, antecedente directo del actual. Algunos estudiosos sugieren que el vocablo árabe «hijár» (piedras) evoca los antiguos puentes de piedra que cruzaban el Martín, recordando que esta villa siempre fue paso y encuentro.

Siglos de poder y cultura

La Baronía de Híjar se fundó oficialmente el 20 de abril de 1268, cuando Jaime I el Conquistador otorgó a su hijo natural Pedro la mitad del castillo. Así nació la Casa de Híjar, linaje que perduraría hasta 1483, cuando los Reyes Católicos elevaron el señorío a la categoría de ducado. La Edad Moderna fue el período de máximo esplendor: el primer duque, Juan Fernández de Híjar y Cabrera, instaló en su palacio una imprenta propia, invento apenas conocido entonces en Aragón, donde solo existían dos en el reino, la de Zaragoza y la de Híjar.

En 1318 se construyó la iglesia de Santa María la Mayor, elevada a Colegiata un año después por el papa Juan XXII. Este templo mudéjar, declarado bien de interés cultural, se cuenta entre los más destacados de Aragón. Durante la Edad Media, cristianos, judíos y musulmanes convivieron en barrios diferenciados, enriqueciendo la vida urbana hasta que, tras la expulsión de los judíos, la villa quedó dividida en dos comunidades. No fue hasta 1702 cuando una concordia unió definitivamente ambas zonas bajo una única administración.

Testigo de grandes conflictos

Los siglos posteriores trajeron transformaciones profundas. Cuando los Duques abandonaron la villa en 1826, el Castillo-Palacio Ducal que coronaba Híjar cayó en ruina. Durante la Guerra de la Independencia, los hijaranos defendieron con coraje la causa nacional: el guerrillero Nicolás Miguel, nacido en la villa, organizó el célebre «cordón de Samper», una fuerza de 2200 hombres armados que se extendía desde La Zaida hasta Vinaceite para proteger la Tierra Baja de las incursiones francesas.

Híjar permanece hoy como parte de la Ruta del Tambor y el Bombo, ese itinerario que honra las tradiciones festeras del Bajo Aragón. Su población actual de 1766 habitantes vive entre la nostalgia de sus días de gloria medieval y la dignidad de conservar un patrimonio que habla de poder, cultura y resistencia. Visita esta villa donde cada piedra susurra historias de duques, obispos y gentes sencillas que supieron convivir en tiempos de esplendor.

Fotografía: Fran Ara · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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