Fabara respira historia entre capas de civilizaciones en el Bajo Aragón

Por Redacción

Un pueblo catalanoparlante de Zaragoza donde los romanos dejaron su mausoleo más noble y los iberos sus rastros más antiguos.

Fabara respira historia entre capas de civilizaciones en el Bajo Aragón

Fabara emerge en la Franja Oriental de Zaragoza como un municipio donde el tiempo se sedimenta en capas visibles. A apenas 127 kilómetros de la capital provincial y a 29 de Caspe, este pueblo de poco más de mil habitantes custodia testimonios que abarcan desde el quinto milenio antes de Cristo hasta nuestros días. Su nombre, de raíces bereberes o árabes, evoca fuentes copiosas, y esa abundancia histórica es precisamente lo que define su carácter.

El yacimiento del Roquizal del Rullo, a 4 kilómetros del casco urbano, representa uno de los hallazgos más significativos de la arqueología aragonesa. Este poblado ibérico, ubicado en el cruce del Vall dels Tolls con el río Algás, permite conectar directamente con la Edad de Hierro. Pero si hay algo que distingue a Fabara en el panorama arqueológico del Imperio romano, es su mausoleo de Lucio Emilio Lupo, declarado monumento nacional en 1931. Conocido popularmente como «caseta dels moros», este edificio funerario representa uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura romana funeraria en toda la península, un testigo silencioso de la romanización que transformó estas tierras.

Piedra de fe medieval

La Iglesia parroquial de San Juan Bautista, levantada entre los siglos XIII y XIV, cuenta su propia epopeya. Construida sobre una iglesia románica anterior, este templo gótico levantino de nave única posee una portada románica adornada con tres arquivoltas y una torre cuadrada almenada de dos cuerpos. Sus buenos sillares y almenas le confieren ese aspecto compacto y defensivo propio de los templos que formaban parte de conjuntos fortificados. La iglesia y su torre, gravemente dañadas durante la Guerra Civil, fueron restauradas, guardando así la memoria de su resistencia.

Lengua y cultura viva

Fabara es profundamente bilingüe. Aquí se habla el catalán en su modalidad local, el fabarol, salpicado de términos aragoneses y castellanos producto de siglos de convivencia. Esta particularidad lingüística refleja la identidad única de la Franja, una zona donde las fronteras lingüísticas dibujan historias de mestizaje cultural. La población conoce y usa fluidamente tanto el catalán como el castellano, manteniendo viva una tradición de pluralismo que remonta a épocas medievales.

La creatividad local encuentra expresión en espacios como el Museo de Pintura Virgilio Albiac, dedicado al pintor fabarol, que alberga unas 40 obras de este artista. También en sus celebraciones: la Danza del Polinario y la Jota de Fabara mantienen el folklore autóctono, mientras que la Semana Santa trae procesiones y la característica rompida de la hora con bombos y tambores. La Fiesta de Kintos, primer fin de semana de marzo, enciende la hoguera que marca el ritmo comunitario.

Visitar Fabara es sumergirse en una experiencia donde la arqueología no es una disciplina académica, sino el suelo mismo que pisas, donde el catalán sonora en las calles, y donde la piedra de iglesias y mausoleos cuenta historias de pervivencia. Un pueblo que invita a descubrir cómo la historia profunda y la vida cotidiana coexisten naturalmente en el corazón del Bajo Aragón.

Fotografía: Inculcatio · CC0 · Wikimedia Commons

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