Trasmoz desafía los siglos con su maldición papal y sus leyendas de brujería

Por Redacción

Único pueblo español oficialmente maldito por la Iglesia católica, Trasmoz vive entre castillos en ruinas, tradiciones ancestrales y una feria de brujería que atrae curiosos cada julio.

Trasmoz desafía los siglos con su maldición papal y sus leyendas de brujería

Trasmoz asoma en las faldas del Moncayo a 765 metros de altura, en la comarca de Tarazona y el Moncayo, como un lugar donde la historia se entrelaza con la leyenda de manera única en España. Con apenas 88 habitantes, este pequeño municipio zaragozano guarda tras sus muros una de las excomuniones más singulares del país: en 1511, con permiso papal explícito, la Iglesia lanzó una maldición sobre la aldea que nunca ha sido revocada. Aquel Salmo 108, entonado solemnemente por los religiosos, marcó el destino de Trasmoz y lo convirtió en el único pueblo español oficialmente maldito.

Las raíces de esta condenación se hunden en disputas medievales llenas de ingenio y supervivencia. Durante el siglo XIII, los señores del castillo fabricaban monedas falsas, pero para ocultarlo sembraron el rumor de que brujas y hechiceros hacían sonar cadenas en la noche mientras hervían pociones mágicas. Cuando el abad del cercano monasterio de Veruela vio amenazada su autoridad y sus ingresos sobre esta próspera comunidad laica (que no pagaba tributos a la Iglesia), pidió la excomunión. Los conflictos escalaron cuando el monasterio desviaba el agua del pueblo, y Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Trasmoz, se alzó en armas defendiendo los derechos de su gente. El rey Fernando II de Aragón reconoció la justicia de Trasmoz, pero la Iglesia no cejó.

Un castillo que aún domina el paisaje

Desde lo alto de su colina, el castillo de Trasmoz permanece como testigo silencioso de aquella turbulencia medieval. Aunque el fuego lo consumió hasta los cimientos en 1520, sus muros y torre aún se alzan sobre la aldea, habitados ahora por la memoria. La iglesia de la Virgen de la Huerta, de los siglos XII y XIII, con su portada románica y nave gótica, ofrece un refugio espiritual donde la fe local persiste a pesar de la maldición papal.

La leyenda creció alimentada por plumas célebres. Gustavo Adolfo Bécquer recogió en «Desde mi celda» historias del pueblo, como la de la Tía Casca, vecina histórica acusada falsamente de bruja y asesinada con impunidad. Estas narraciones convirtieron a Trasmoz en foco de fascinación romántica, un lugar donde lo oscuro y lo misterioso parecían habitables.

Feria de brujería y tradiciones vivas

Cada julio, Trasmoz celebra una feria de brujería y plantas medicinales que atrae visitantes de toda España, convertida en una festividad que reconoce sin vergüenza aquella reputación medieval. A lo largo del año, el calendario local respira tradiciones: las enramadas de junio, la hoguera de San Juan, el roldar de huevos en abril, las honras a los difuntos en octubre. El 16 de agosto, San Roque, patrón del pueblo, recibe la devoción de una comunidad que ha aprendido a vivir con su diferencia.

A apenas 13 kilómetros de Tarazona y 78 de Zaragoza, Trasmoz invita a quien busque historias donde el tiempo no ha borrado las marcas de la resistencia, la fe popular y la belleza de lo singular. Un pueblo que sigue latiendo bajo la maldición que lo hizo inmortal.

Fotografía: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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