Muel presume de cerámica milenaria y vestigios romanos en el Campo de Cariñena

•Por Redacción

Pueblo alfarero de Zaragoza donde la tradición cerámica perdura desde hace mil años junto a una presa romana de época imperial y frescos de Goya.

Muel presume de cerámica milenaria y vestigios romanos en el Campo de Cariñena

Muel se alza en el corazón del Campo de Cariñena, a apenas 29 kilómetros de Zaragoza, como un lugar donde la historia del barro y el agua han tejido la identidad de sus gentes. Situado a 424 metros sobre el nivel del mar, en un territorio atravesado por el río Huerva, este municipio de 1540 habitantes conserva capas de tiempo que se remontan a los orígenes mismos del Imperio romano.

La presencia romana marca profundamente el territorio: una monumental presa datada entre el 10 y el 5 a. C. constituye uno de los restos de arquitectura hidráulica más relevantes de la Hispania romana. Construida con participación de las legiones, preside el parque de Muel junto a la Ermita de la Virgen de la Fuente, joya barroca de 1777 cuyas pechinas albergan frescos pintados por Goya que representan a los cuatro padres de la Iglesia. El templo, declarado bien de interés cultural, luce tejas características denominadas «lágrimas», y en su interior resguarda una pequeña talla de la Virgen de los siglos XIII o XIV.

Mil años de barro y fuego

Desde 1048, cuando llegaron a Zaragoza los primeros azulejos de los alfares muelenses por mandato de Aben Tafa, la cerámica late en el corazón de este pueblo. Los cronistas del XVI narraban que todos los vecinos eran olleros: sus manos modelaban el barro que después se vendía en toda Zaragoza. Esa tradición mudéjar, enraizada cuando casi toda la población era de esta comunidad hasta 1610, se perpetuó tras la repoblación cristiana. Hasta principios del siglo XX, Muel fue uno de los centros alfareros más relevantes de Aragón, con piezas elaboradas en cuevas de manera primitiva.

Hoy esa herencia renace: seis talleres alfareros producen cerámica popular y creativa, acompañados de una escuela-taller de la Diputación Provincial de Zaragoza que exhibe exposiciones durante todo el año. Quien pasee por Muel descubrirá la Iglesia de San Cristóbal, templo barroco tardío de 1706 que conserva la esbelta torre campanario mudéjar del templo anterior, con sus cuerpos superiores octogonales mirando al cielo.

Piedra, agua y festividad

El parque de Muel, de singular belleza, se asienta al pie de un acantilado natural donde el río Huerva regala cascadas. Entre sus árboles reposan los restos del castillo musulmán y un molino árabe rehabilitado como sala de exposiciones. En el casco urbano, casas palacio de los siglos XVI y XVII guardan el recuerdo de visitantes ilustres, como el arzobispo en sus rondas pastorales. La Puerta de la Villa, con su arco y portada en la calle Mayor, subsiste como testigo de las defensas que protegieron la villa.

Muel celebra su identidad en fiestas que honran tanto la fe como la comunidad: San Blas en febrero, la Semana Santa con su Entierro, y las fiestas mayores en honor a la Virgen de la Fuente en septiembre, cuando los vecinos procesionan hasta su ermita con ofrendas de flores. Acércate a este rincón del Campo de Cariñena para tocar con las manos la arcilla que genera belleza desde hace mil años, y contemplar cómo el agua romana sigue fluyendo bajo el cielo aragonés.

Fotografía: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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