Naval presume de salinas milenarias y alfarería en el Somontano de Barbastro

Por Redacción

En el corazón del Somontano, Naval abre sus salinas y talleres de barro, donde el agua salada y las manos artesanas escriben siglos de historia.

Naval presume de salinas milenarias y alfarería en el Somontano de Barbastro

Naval asoma a los pies de la sierra de Arbe como un pueblo que supo ser encrucijada del Somontano con el Sobrarbe y Francia, guardián de un patrimonio que trasciende sus 270 habitantes. Ubicado en la comarca del Somontano de Barbastro, en Huesca, esta pequeña villa respira historia en cada rincón, desde sus templos gótico-renacentistas hasta sus salinas que crecieron en importancia durante siglos.

Las salinas de Naval son el corazón vivo del lugar. Activas ya en época musulmana, adquirieron protagonismo cuando el rey Jaime I les concedió en 1274 el monopolio para la venta de sal en gran parte de la provincia de Huesca. Durante varios siglos fueron explotadas por los vecinos, expropiadas luego por Felipe V en 1707, y devueltas a la comunidad en 1870. Hoy se conservan en excelente estado dos grupos, el Salinar de Iruelas al norte del pueblo y el Salinar de la Rolda, donde se han abierto piscinas de agua salada de gran densidad para aliviar afecciones como psoriasis, artritis y osteoporosis.

Templos que hablan de fe y arte

La iglesia de Santa María, monumento histórico desde 1983, se alza como joya del siglo XVI junto al castillo. Su nave de cuatro tramos, sus bóvedas estrelladas y sus capillas elaboradas, como la de Nuestra Señora del Pilar con cúpula esférica, revelan el esplendor gótico aragonés. La iglesia de San Fabián y San Sebastián, en el centro de la villa y datada en el siglo XVII, guarda en su interior una pintura mural obra del artista barbastrense Francisco Zueras. La ermita de Santa Quiteria corona un altozano junto al Castillo de Piedra Pisada, testigo de la batalla de 1084.

La alfarería que modeló el tiempo

Naval fue célebre por su cerámica. Veinte alfares funcionaban a inicios del siglo XX; en 1940 aún había 14 talleres con 22 maestros alfareros. El Centro de Interpretación de la Alfarería, instalado en 2002 en el antiguo taller de Pedro Salanova, permite recorrer el obrador, las balsas de barro y el horno árabe conservado. De aquí salieron piezas tan típicas de la alfarería altoaragonesa como la pichela, esa jarra singular para servir y medir vino.

Completan el patrimonio naval los antiguos Alfolíes del siglo XIII, graneros de sal junto a la plaza Mayor con grandes columnas decoradas, y el Santuario de los Dolores en la partida de Santa Cruz, centro de devoción mariana que corona su monte con vistas panorámicas.

Naval invita a sumergirse en la quietud de un pueblo que conserva su autenticidad, donde la alfarería y las salinas cuentan historias de siglos, y cada edificio susurra los ecos de una importancia medieval que aún perdura.

Fotografía: Centro Nacional de Información Geográfica · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Etiquetas

turismodestinoshuescasomontanoSomontano de Barbastroen-familiapatrimonio

Compartir