Sariñena preside Los Monegros desde su vega fértil

•Por Redacción

Capital comarcal entre ríos, donde la tradición agrícola milenaria convive con un paisaje de contrastes entre huertas ribereñas y llanuras transformadas.

Sariñena preside Los Monegros desde su vega fértil

Sariñena se alza como capital de Los Monegros, comarca de Huesca, en un territorio que respira historia y trabajo de la tierra. Enclavada a 406 metros de altura, entre las cuencas de los ríos Alcanadre y Flumen, la villa organiza su caserío en tres niveles que descienden desde la meseta hacia la vega, como si el propio terreno narrara capas de tiempo y cultivo. Su término municipal, uno de los más extensos de la provincia, acoge también La Cartuja de Monegros, Lastanosa, Pallaruelo de Monegros, La Masadera y San Juan del Flumen, conformando un espacio donde viven más de 4100 habitantes.

El nombre Sariñena emerge de documentos cristianos medievales posteriores a su reconquista en 1100, aunque su escritura osciló durante siglos entre múltiples variantes: Saragena, Saraiena, Saranyena. Los historiadores lo vinculan con un antropotopónimo antiguamente ligado a la abundancia de tierras fértiles, un origen que el territorio sigue ratificando cada cosecha. Las huertas del Alcanadre, con más de mil años cultivadas en parcelas diminutas, presumen de tradición hortícola que contrasta con los sasos, antiguos secanos hoy convertidos en campos de cereales y forrajes gracias a los canales de regadío.

Raíces profundas, transformación continua

Sariñena guarda en su subsuelo vestigios de ocupación humana remontados a la Edad del Bronce. Yacimientos como el Tozal Redondo de la Codera, El Carcelario o Tozal del Moro testimonian un poblamiento denso en tiempos prehistóricos e indígenas prerromanos, como si esta tierra hubiera atraído a gentes desde siempre. Durante la Edad Media, Alfonso II le otorgó carta de población en 1170 con fueros de Zaragoza y derechos para riego, consolidándola como villa de importancia. Fue escenario de gestos reales: Alfonso I redactó aquí su segundo testamento antes de morir.

La Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, fundada en 1507 por nobles de la región, ilustra tanto la ambición medieval como sus límites. El clima agreste, las tierras difíciles y una epidemia de peste forzaron a los cartujos a abandonar el proyecto apenas medio siglo después, trasladándose a Zaragoza en 1563. Hoy esa ruina permanece como testigo mudo de intentos frustrados y de la dureza del territorio monegrino.

De capital agraria a centro de servicios

Durante la Guerra Civil española, el aeródromo de Sariñena fue la base aérea republicana más importante del Frente de Aragón, decisivo en bombardeos a Huesca, Tardienta y Zaragoza, viviendo su máxima intensidad entre verano y otoño de 1936 antes de caer en marzo de 1938. Esa marca de fuego y movimiento quedó sedimentada en la memoria local.

Hoy Sariñena se consolida como centro de servicios comarcal y provincial, con sólidas exportaciones ganaderas y agrícolas. El turismo ha encontrado aquí un nuevo motor: la Laguna de Sariñena, La Cartuja de Las Fuentes, y eventos de envergadura como pruebas deportivas y festivales que traen movimiento a Los Monegros, atrayendo a quienes quieren descubrir ese paisaje desértico de Aragón donde la sequía y el cielo ancho dicen tanto como las aguas que discurren bajo tierra.

Visita Sariñena para recorrer un espacio donde cada rincón cuenta capas de trabajo humano, donde el Alcanadre sigue regando huertas heredadas de antepasados, y donde Los Monegros revelan su verdadera cara a quien se detiene a mirar.

Fotografía: David Figuera · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

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