Ayerbe respira entre llanos y sierras en la Hoya de Huesca

Por Redacción

Villa aragonesa donde el cielo despejado corona extensos llanos salpicados de cerros, y la naturaleza pulsa con el aleteo de mariposas y el vuelo majestuoso de buitres leonados.

Ayerbe respira entre llanos y sierras en la Hoya de Huesca

Ayerbe se alza en una depresión erosiva excavada junto al río Gállego, en la comarca de la Hoya de Huesca, a apenas 28 km de la capital provincial. Con poco más de mil habitantes, esta villa conserva el carácter de un territorio donde la geografía ha tallado durante siglos la vida cotidiana: desde la Edad Media, cuando Sancho Ramírez conquistó la fortaleza en 1083, hasta hoy, cuando sus 6.329 hectáreas siguen latiendo al ritmo de la naturaleza.

El paisaje que rodea Ayerbe es de una belleza contenida y genuina. Extensos llanos salpicados por pequeños cerros aislados se suceden en horizontal, circundados por matorral donde conviven aliagas, boj, enebro, romero y tomillo. La tierra, formada por arcillas terciarias y secano pedregoso, ha permitido que la encina, el almendro, la vid y el olivo ocupen gran parte del territorio. El bosque natural lo componen la carrasca y el pino carrasco, mientras que repoblaciones de pino albar y pino laricio diversifican la cubierta forestal. El resultado es un mosaico donde tradición y naturaleza se entrelazan sin artificio.

Un refugio para especies únicas

Lo que hace verdaderamente singular a Ayerbe es su riqueza faunística. La variedad de biotopos, desde las crestas de sierras hasta el fondo de la Hoya, ha permitido a esta comarca escapar del deterioro ecológico que azota otros territorios. Las «islas» de vegetación autóctona desperdigadas por el terreno actúan como refugio para especies vegetales y animales de incalculable valor.

Aquí palpita uno de los grandes tesoros naturales de Europa: una de las mejores reservas de buitre leonado del continente. Pero no es el único inquilino de estos cielos. Azores, becadas, búhos reales, cárabos, halcones, lechuzas, mochuelos y quebrantahuesos pueblan regularmente el aire. Para los lepidópteros ropaloceros, las mariposas diurnas, la comarca es un paraíso: a lo largo del año es posible contemplar el vuelo desordenado de satíridos, el aleteo majestuoso de ninfálidos hermosísimos y el planeo lento de papiliónidos como la macaón y la apollo, rodeados de las diminutas y rápidas especies de licénidos y hespéridos.

En el terreno habitan ciervos, corzos, jabalís, liebres, conejos y zorros. Una variedad de setas de notable riqueza germina en la zona: boletos, rebozuelos, robellones, senderuelas y setas de cardo son testimonio de un ecosistema equilibrado y fértil.

Piedras de historia medieval

El castillo de Ayerbe, hoy evocado en el escudo heráldico de la villa, fue punto de referencia durante siglos. Tras su conquista en 1083, la población experimentó distintos señoríos, siendo los Urriés quienes gobernaron durante buena parte de la Edad Media. Esa fortaleza defensiva de las tierras llanas, levantada entre tensiones fronterizas, originó el pequeño poblado que creció a su amparo y que hoy conserva memoria de aquellos tiempos en sus piedras y en su trazado.

Ayerbe invita a recorrer un territorio donde la naturaleza y la historia dialogan sin prisa. Caminos, sendas y barrancos ofrecen encuentros constantes con la vida silvestre, mientras que el cielo despejado que caracteriza estas tierras promete vistas donde el horizonte no tiene límite. Una villa auténtica de la Hoya de Huesca donde los ritmos siguen siendo los de siempre.

Fotografía: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Etiquetas

turismodestinoshuescahoya-de-huescaHoya de Huescapatrimoniopueblos-con-encanto

Compartir