Graus respira entre dos ríos en el corazón de la Ribagorza

Por Redacción

Capital administrativa de la Ribagorza, Graus se asoma a la confluencia de los ríos Ésera e Isábena rodeada de historia medieval y paisaje montañoso.

Graus respira entre dos ríos en el corazón de la Ribagorza

Graus se alza en la confluencia de los ríos Ésera e Isábena, en el corazón de la Ribagorza, donde el terreno se estrecha entre peñas y barrancos. Esta localidad de la provincia de Huesca, capital administrativa de su comarca, invita a recorrer calles que guardan siglos de vida aragonesa, desde sus primeras poblaciones paleolíticas hasta las épocas de esplendor medieval y renacentista.

El término municipal integra hoy más de veinte pueblos y aldeas, entre ellos Panillo, Benavente de Aragón y Abenozas, rodeados de encinares, robledales y pinares que cubren las laderas de sierras como la Carrodilla, el Torón y Esdolomada. El clima de inviernos rigurosos y veranos moderados, junto con suelos de granito y rocas volcánicas muy antiguas, configura un paisaje de montaña donde el agua y la piedra modelan el carácter del lugar.

Un conjunto histórico-artístico que respira Edad Media

Declarado conjunto histórico-artístico en 1975, Graus conserva huellas de su importancia estratégica durante la Reconquista. El rey Sancho Ramírez tomó la villa en 1083 y la adscribió al monasterio de San Victorián, iniciando una repoblación que duró siglos. En la plaza mayor de forma pentagonal, con sus arcos de medio punto y ojivales, se alzan casas solariegas como la de los Mur, donde los dinteles de las ventanas todavía guardan inscripciones entrelazadas. El Puente de Abajo, construido en el siglo XII sobre cimientos romanos, sigue uniendo riberas como lo hizo hace casi mil años, frente al barrio de Abajo o Barrichós, el núcleo más antiguo del pueblo.

La visita de un santo y la devoción que perduró

Un acontecimiento singular marcó la tradición local: en 1415, el dominico valenciano fray Vicente Ferrer, camino de Francia, llegó a Graus invitado por Berenguer de Bardaxí, uno de los compromisarios de Caspe. El santo predicó con gran éxito y regaló a la villa un crucifijo que aún se venera en la iglesia parroquial de San Miguel. Esa visita fundó una devoción que continúa: los días 13 y 14 de septiembre, Graus celebra sus fiestas mayores dedicadas a San Vicente Ferrer y al Santo Cristo. La basílica de la Virgen de la Peña, construida en estilo gótico renacentista a mediados del siglo XVI sobre una iglesia románica anterior, domina el paisaje desde su emplazamiento junto a la peña del Morral, donde todavía se alza el Corazón de Jesús y se conserva la ermita de San Pedro.

Graus ha sabido mantener viva la huella de su paso por los siglos: desde los restos paleolíticos del yacimiento de Las Forcas hasta las casas solariegas del XVI, desde las tres puertas de muralla aún integradas en la trama urbana hasta la iglesia jesuita transformada hoy en Espacio Pirineos. Es un lugar donde el tiempo se deja leer en la piedra, donde cada calle cuenta y donde la confluencia de ríos sigue siendo el corazón de la Ribagorza. Visita Graus y descubre por qué este rincón de montaña merece ser parte de tu viaje por Aragón.

Fotografía: Basotxerri · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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