Huesca asoma como puerta de los Pirineos desde su cerro milenario

Por Redacción

Capital aragonesa de cuatro milenios, Huesca invita a recorrer sus calles donde conviven la íbera Bolskan, la romana Osca y la medieval ciudad de reyes.

Huesca asoma como puerta de los Pirineos desde su cerro milenario

Huesca respira historia desde sus cimientos. Hace cuatro mil años, en pleno Neolítico, ya existía un poblamiento en este amplio cerro ovalado que hoy ocupa 161 kilómetros cuadrados en el corazón de la Hoya de Huesca. Los íberos la llamaron Bolskan y acuñaron moneda; los romanos la conocieron como Osca, famosa por su ceca y por albergar la Academia de la Latinidad fundada por Quinto Sertorio. Esa continuidad de casi cuatro milenios hace de la capital oscense un lugar donde cada piedra guarda una conversación con el tiempo.

La ciudad se alza a 483 metros sobre el nivel del mar, en una amplia depresión plana conocida desde hace siglos como la Hoya o la Plana. Hacia el norte, las últimas estribaciones del Pirineo, las Sierras Exteriores, se yerguen majestuosas, confiriendo a Huesca su apodo de «puerta de los Pirineos». Desde aquí se avista la sierra de Guara, y a través de la ciudad discurren los ríos Isuela y Flumen, trazando el carácter de un territorio donde confluyen el Valle del Ebro y las montañas que lo cierran.

El Coso late como corazón comercial y urbano, una calle que rodeaba la antigua muralla y que hoy, convertida en peatonal, rezuma bullicio entre edificios de principios del siglo XX. Desde los Porches de Galicia se abre la perspectiva hacia la plaza de Navarra, mientras en los barrios tradicionales como San Lorenzo, San Pedro y la Catedral persiste el carácter medieval. El Parque Miguel Servet, con sus 69.500 metros cuadrados y más de 1.600 árboles de 63 especies distintas, respira como pulmón verde junto al centro urbano, rodeado de leyenda con las famosas Pajaritas de Ramón Acín.

Huesca es la segunda ciudad más poblada de Aragón, con 55.454 habitantes, y su economía prospera en los servicios y el turismo, sin olvidar una sólida tradición agrícola que alimenta los campos de cereal de sus alrededores. Sede diocesana, mantiene su vínculo ancestral con los reyes aragoneses. Cada agosto, del 9 al 15, sus calles estallan en fiestas mayores en honor a San Lorenzo, patrón de la ciudad. Desde su límite con las sierras exteriores, a apenas 74 kilómetros de Zaragoza, la capital oscense invita a descubrir capas de civilización, paisajes pirenaicos y la calidez de una ciudad donde la historia sigue viviendo en cada esquina y en cada corazón de quien la visita.

Fotografía: Kent Wang · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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