Mora de Rubielos respira entre la sierra de Gúdar y siglos de historia aragonesa

Por Redacción

Capital de Gúdar-Javalambre, esta villa turolana combina un patrimonio gótico excepcional con la memoria de una tierra fronteriza medieval y un papel decisivo en la Guerra Civil.

Mora de Rubielos respira entre la sierra de Gúdar y siglos de historia aragonesa

Mora de Rubielos se alza a 1035 metros en el corazón de la comarca Gúdar-Javalambre, en la provincia de Teruel, donde el río Fuen Lozana serpentea al pie de la sierra de Gúdar. Este municipio capital, con poco más de 1500 habitantes, guarda en su casco urbano y en sus barrios históricos una densidad de capas temporales que pocos lugares aragoneses reunen: desde asentamientos de la Edad de Bronce hasta el protagonismo de las guerras medieval, de Sucesión y civil.

El nombre mismo habla de antigüedad. Originariamente llamada solo Mora, la administración la rebautizó en 1860 como Mora de Rubielos para distinguirla de otras homónimas dispersas por España. La raíz es latina: «villa de Maurus», cognomen que abunda en las inscripciones tardorromanas y que sugiere tanto un origen cristianizado como vinculaciones mauritanas. Durante la Edad Media fue reconquistada por Alfonso II el Casto y se convirtió en la posición más avanzada del frente cristiano frente al Reino de Valencia, hasta la toma de Rubielos en 1204. Sucesivas donaciones y ventas la pusieron en manos de ilustres linajes; fue el Gran Maestre Juan Fernández de Heredia quien fundó aquí un señorío que perduraría siglos, elevándola a Marquesado a fines del XV.

Un gótico de proporciones excepcionales

La antigua colegiata de Santa María es la joya que define Mora. Erigida en la mitad del siglo XIV gracias al mecenazgo de los Fernández de Heredia, es un templo gótico de piedra local que exhibe una de las naves más anchas de todo el gótico hispano: 19 metros de ancho, solo superados por la catedral de Gerona. Su arquitectura es característica del gótico levantino: nave única con capillas entre contrafuertes, bóveda de crucería en cinco tramos, cabecera de tres ábsides poligonales. El exterior muestra una portada abocinada de arco apuntado en el costado sur, mientras que el interior privilegia la sobriedad, con apenas adornos románicos y algunos ornamentos posteriores. Declarada Monumento Nacional en 1944, la colegiata resistió el daño causado durante la contienda civil, cuando albergó talleres militares y almacenes.

Ermitas dispersas y legado medieval

Complementan el patrimonio cinco ermitas esparcidas por el término. La ermita de Loreto, fechada en 1547 y reformada en 1798, presenta nave única con bóveda de medio cañón y cabecera semicircular. La ermita de San Roque data del XVII, mientras que la de la Soledad, también de nave única y bóveda de cañón, forma parte de ese tejido devocional que caracterizaba la vida rural aragonesa.

El paisaje de Mora respira el clima de media montaña que domina la región: inviernos largos, fríos y secos que alternan con veranos cortos y templados. A fines del XVIII llegó a alcanzar los 2500 habitantes; era entonces la quinta población de la provincia de Teruel. El siglo XX marcó un declive demográfico, aunque los últimos años traen cierta estabilización.

Mora de Rubielos invita a recorrer una localidad donde cada piedra y cada ermita guardan conversación con el tiempo, donde la anchura excepcional de una nave gótica sigue sorprendiendo, y donde la cumbre de Gúdar vigila desde el cielo un territorio que fue frontera, fue señorío, y fue, durante días cruciales de 1938, centro del mundo en conflicto.

Fotografía: Joanbanjo · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

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