Ibdes asoma sobre la Comunidad de Calatayud entre barrancos y capas de historia

•Por Redacción

Un pueblo encaramado en la ladera que guarda cuevas milenarias, iglesias medievales y el pulso de mil años de presencia humana en la comarca zaragozana.

Ibdes asoma sobre la Comunidad de Calatayud entre barrancos y capas de historia

Ibdes se abre ante ti como un abanico de calles empinadas que descienden desde su iglesia, encaramada en lo alto de una pequeña montaña en la Comunidad de Calatayud. Limitado por dos barrancos profundos (el de San Gregorio y el de la Puerta Aldea), este municipio de 351 habitantes ocupa una posición singular: está situado en el triángulo turístico formado por el monasterio de Piedra y los balnearios termales de Alhama de Aragón y Jaraba. La calle Mayor, o Rúa, atraviesa todo el pueblo en paralelo a una acequia que sigue su curso como si fuera un habitante más de estas empinadas vías.

Las entrañas de Ibdes guardan tesoros geológicos que hablan de tiempos remotos. En su término se encuentra la gruta de las Maravillas, formada por estalactitas y estalagmitas de unos 50.000 años de antigüedad, y también la cascada de La Paradera. A estos espectáculos naturales se llega a pie, aunque la gruta no está siempre abierta al visitante. Estos fenómenos subterráneos son herencia de una antigüedad cuando ríos Jalón, Jiloca y Mesa inundaban estas cuencas: después llegaría la elevación de las montañas, la retirada de las aguas, y la desecación de los lagos que dejó tras de sí esta riqueza de recursos hídricos y termales.

Capas de civilizaciones en piedra

El nombre de Ibdes procede de raíces celtíberas que significarían «paso de peña» o «paso de río». Los primeros pobladores pudieron ser celtíberos que se refugiaban en las cuevas del cerro de las Torres, en la entrada norte, antes de establecer su vida sedentaria. Los romanos dejaron constancia de su presencia con una fortaleza que funcionaba como silo o destacamento en el lugar que hoy ocupa la iglesia, parte de la vía que conectaba Caesar-Augusta (Zaragoza) con Emerita-Augusta (Mérida). Durante el imperio cristiano llegó el primer templo dedicado a San Sebastián. Los árabes llegaron a principios del siglo VIII, establecieron su mezquita en la antigua fortaleza romana y construyeron viviendas en la parte alta, aunque su presencia nunca fue masiva en Ibdes.

La Reconquista bajo Alfonso I el Batallador en 1120 marcó un giro decisivo. Poco después, en 1150, Ibdes pasó a manos de la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, que construyó hacia 1170 la iglesia-convento de San Juan Bautista. En 1330, durante las guerras con Castilla, el pueblo se fortificó con grandes puertas de acceso, y se levantó la primera iglesia de San Miguel en la Rúa. Tras los Reyes Católicos, en 1517, el antiguo castillo fue transformado en iglesia dedicada a San Miguel Arcángel, el patrón que permanece en el corazón de la villa.

Ibdes fue siempre de realengo, es decir, que sus tierras pertenecían a sus vecinos sin dependencia de señoríos ni monasterios, aunque su vinculación a Calatayud como cabeza de comarca siempre fue presente. En 1711, Felipe V otorgó a Ibdes el privilegio de villa como recompensa a la lealtad de sus vecinos en la Guerra de Sucesión. Durante la Guerra de la Independencia, la villa sufrió el saqueo francés y conserva el recuerdo de un pequeño conflicto local en la Cruz de la Pasión, conocida también como la Cruz de Chocolate.

Hoy Ibdes invita a recorrer sus calles inclinadas, a descender lentamente desde la iglesia que preside el pueblo, a sentir el paso de mil años de historia en piedra, a asomarse a sus barrancos y a descubrir las maravillas geológicas que duermen bajo tierra. Es un rincón de la Comunidad de Calatayud donde la geografía, la geología y la memoria humana convergen en una experiencia auténtica.

Fotografía: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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