Alhama de Aragón respira entre aguas termales y piedra medieval

Por Redacción

En la Comunidad de Calatayud, un pueblo que brota junto al Jalón donde los romanos ya buscaban sanar en aguas que mantienen su magia a 34 grados.

Alhama de Aragón respira entre aguas termales y piedra medieval

Alhama de Aragón emerge en la Comunidad de Calatayud como un oasis donde la historia y la naturaleza convergen. A 664 metros de altura, atravesado por el río Jalón que aprovecha fracturas tectónicas para traer consigo aguas termales de una calidez única, este municipio zamorano respira al ritmo de sus manantiales desde tiempos remotos. El topónimo romano «Aquae Bilbilitanorum» ya revelaba lo que los antiguos sabían: aquí el agua sanaba, aquí el agua tenía poder.

El nombre actual viene del árabe «Al-Hammam», los baños, y aún hoy puedes descubrir el Baño del Moro y el Baño de la Mora, dos pilas talladas en la roca donde el agua termal mana directamente, cristalina y abundante. El Cid pasó por aquí en 1081, tal como canta la epopeya medieval. Alfonso I reconquistó definitivamente la plaza en 1122, pero Alhama siguió siendo frontera, territorio disputado entre reinos, hasta que en 1454 quedó para siempre en manos aragonesas.

Entre aguas minerales y piedra antigua

Lo que hace singular a Alhama es su lago termal, el único de España, casi dos hectáreas de agua bicarbonatada, calcárea y radiactiva que brota a 34 grados Celsius, con dos islas flotando en su superficie. Ocho manantiales diferentes riegan el municipio con sus propiedades curativas. Ya en el siglo XIX la explotación de estas aguas transformó el lugar en balneario, atrayendo visitantes que buscaban en sus fuentes la renovación del cuerpo.

El castillo medieval se alza sobre el cerro de la Serratilla, con su torre del homenaje erguida hacia el cielo, testigo de siglos de disputas fronterizas. La iglesia de la Natividad de Nuestra Señora exhibe su barroquismo de ladrillo y tapial, coronada por una torre mudéjar de piedra sillar, mientras yeserías de tradición árabe decoran sus bóvedas. El casco urbano conserva ese carácter pintoresco heredado de la época musulmana, con la casa consistorial como ejemplo de arquitectura ecléctica que domina sus plazas.

Tradición que persiste

Alhama fue escenario de cine: aquí rodó Luis García Berlanga «Los jueves, milagro», una historia que juega con los milagros que hacen prosperar un pueblo balneario, casi una metáfora de la propia Alhama. Mientras, la tradición alfarera sigue viva entre sus gentes, aunque frágil, esperando nuevas manos que continúen la tradición de barro y fuego.

Desde finales del siglo XX, la empresa ZALUX irradia modernidad en la zona, produciendo luminarias de precisión para el mundo entero, demostrando que en Alhama conviven el pasado medieval y termal con el presente industrial. En mayo y agosto, las romerías y fiestas patronales reúnen a la comunidad en honor a San Gregorio, Santa Quiteria y San Roque, perpetuando costumbres que hunden raíces en tiempos inmemoriales.

Ven a Alhama de Aragón para sentir el agua tibia que brota desde las entrañas de la tierra, para caminar entre piedras que conocieron a emires y caballeros, para respirar en un lugar donde la naturaleza regala sus beneficios sin prisa ni artificios. A 28 kilómetros de Calatayud, te espera este rincón donde los romanos sanaban y los viajeros medievales dejaban constancia de su paso.

Fotografía: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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